La rosa escondida

Para mí uno de los grandes placeres de la vida es leer. Quizás es algo a lo que hoy en día no damos importancia, pero el hecho de poder tener entre nuestras manos el libro que nos apetezca y, lo más importante, tener la capacidad de leerlo, me parece una suerte con la que otras generaciones no han contado, bien porque no sabían leer o bien porque no todos los libros eran accesibles en determinadas circunstancias políticas.

Uno de los libros que más me ha llamado la atención es «La rosa escondida» de Reyes Monforte. La novela está ambientada en la guerra de Bosnia y narra la vida de Zehera, una musulmana que, como muchas otras mujeres, durante el conflicto es retenida, torturada y violada sistemáticamente por los soldados serbios.
La historia, aunque podía estar basada en hechos reales, es una historia ficticia, y, como no podía ser de otra manera, tiene un final feliz. Sin embargo, no todas las mujeres que pasaron por circunstancias similares pueden contar el dolor que sintieron y las que lo cuentan no pueden arrancar de su corazón las secuelas de aquella masacre.
Durante la limpieza étnica que puso en marcha  el dictador Slobodan Milosevic durante los años 1992-1995 miles de mujeres fueron salvajemente violadas y torturadas durante días y noches enteros. Sin embargo, mientras que sus maridos, sus hermanos o sus hijos que fueron asesinados frente a sus ojos son considerados héroes, ellas son las grandes olvidadas.
La violación, como en otros muchos conflictos, era considerada un arma de guerra, pero esta vez las intenciones eran mucho más macabras. Los soldados serbios reclutaron a miles de mujeres en campos de concentración donde las violaban sistemáticamente hasta dejarlas embarazadas, una vez quedaban en estado las recluían hasta los siete meses de gestación para asegurarse de que no abortarían. El objetivo era que tuvieran hijos serbios, la limpieza étnica, una vez más, fue demasiado lejos.

Los terribles hechos que tuvieron lugar hace dieciocho años han marcado la vida de las víctimas. Su situación económica es precaria, sus familias se avergüenzan de ellas y no pueden regresar a su ciudad de origen por miedo a encontrase con sus verdugos, ya que la mayoría de los soldados serbios que participaron en  esta barbarie hoy en día permanecen en libertad. Además, aquellas que decidieron criar a sus hijos hoy se enfrentan a sus preguntas, a contar una realidad dolorosa que durante su infancia les ocultaron.
Las violaciones durante el conflicto fueron consideradas crímenes de guerra por el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia en 1996, pero la  persecución legal de los soldados serbios que participaron en estas torturas ha sido mínima. De hecho, solo 12 casos han sido procesados hasta 2011.
Aunque no es un libro demasiado agradable de leer, creo que es un placer tenerle entre las manos ya que hay historias a las que no conviene dar la espalda.

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